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viernes, 14 de octubre de 2016

Saber hacer: el trabajo en casa (5): algunas recomendaciones sobre redacción de textos

Algunas recomendaciones básicas sobre redacción de textos

A diferencia de otras técnicas de las que hemos hablado antes, aquí no hay normas. Alguna recomendación, sí, pero no normas. Escribir bien es como tocar un instrumento o hacer juegos malabares con teas encendidas: cuanto más se practica, mejor sale. Lo malo es que escribir no forma parte de nuestros hábitos, así que nos pasa que todo esto nos coge desentrenados. Antiguamente existía la costumbre, que se ha perdido, de escribir cartas, pero hoy día lo arreglamos todo por teléfono, y ni el WhatsApp ni el correo electrónico se utilizan para desarrollar textos. Tendrá mucho ganado quien, de entre nosotros, escriba poesía en secreto o un diario personal. La mayoría de nosotros, sin embargo, tendremos que buscar pretextos y encontrar trucos para ponernos a escribir. Por eso os he recomendado en clase que hagáis resúmenes, que sirven, a la vez, para estudiar y para escribir. Si os acostumbráis a hacer esquemas y a escribir resúmenes, ya estaréis en el buen camino, amén.

Normas, lo que se dice normas, ya os digo que no existen. Pero resulta que, como dicen los gallegos de las brujas, haberlas haylas y se presentan en forma de recomendaciones. Son de puro sentido común y están para ser tenidas en cuenta, pero sólo para eso: ser tenidas en cuenta. No se puede realizar una tarea creativa si se está siempre pensando en las normas. Lo más que podemos hacer es comprobar de vez en cuando si lo que estamos haciendo pasaría los filtros básicos o es, por el contrario, una aberración.

La recomendación principal, casi la única, la madre de todas las recomendaciones, es que escribir no es lo mismo que hablar. Esto no lo olvidéis nunca. Parece una perogrullada, pero nunca falta el que empieza escribiendo: “Bueno, pues la verdad es que yo pienso que la cuestión del feudalismo, pues, ya se sabe, es propia de la Edad Media, no sé si me explico”. No digo que haya que ser pedante -que es algo que también está muy feo-, sino que hay que tener en cuenta que el lenguaje escrito es siempre más elaborado y formal que el hablado. “El feudalismo es un fenómeno histórico propio de la Edad Media” Ah, bueno: esto es otra cosa.

El lenguaje escrito tiene un desarrollo lógico. No podemos ir saltando de flor en flor como cuando nos tomamos un café con los amigos, que empezamos hablando de un vecino que ha tenido un accidente con la moto, de ahí saltamos al tiempo, luego a la política, volvemos al vecino de la moto y luego otra vez a la política, al Carrefour y a la película de anoche en la tele. A ningún corrector de exámenes le parecerá bien que cuentes la Revolución Francesa empezando por la ejecución de María Antonieta, luego pases a la batalla de Austerlitz y termines con el asalto a la Bastilla (14 de julio de 1789, día que marca, por cierto, la fiesta nacional francesa). A evitar esto ayudan las técnicas de organización y planificación que hemos trabajado en clase.

Pero como estamos hablando de redactar, lo propio de esta fase del trabajo es prestar atención a cuestiones clave de la escritura como las frases, los párrafos, la puntuación y las partes del texto. No dejes nunca frases a medio hacer ni contrahechas. Recuerda aquello del sujeto y el predicado y la concordancia entre ellos. Hay frases que no tienen ni pies ni cabeza: “Isabel II, tras la batalla de Alcolea, la reina abdicó”. Escribiendo así, todo desordenado, en lugar de un alumno parecerás Yoda, el maestro jedi aquél, verde y bajito, que hablaba al revés. Se supone que lo vuestro es un examen y no una película de ciencia ficción. “La reina Isabel II abdicó después de la batalla de Alcolea”. Así, más simple y ordenado, es mejor.

Así que si las frases son simples, mejor. Hay quien tiene ambiciones de literato y hace frases tan largas que al final se lía y ya no sabe dónde está ni por dónde había empezado. Recordad que aquí no estamos haciendo literatura sino un examen: no es el momento de las Bellas Artes, sino de ser preciso y eficaz. Ni desastres ni obras maestras: buscamos la escritura estándar y eficaz.

Hay que puntuar bien. No me refiero a poner notas, sino puntos y comas. Es algo muy importante, y la mayoría lo hacemos bastante mal. Normalmente, se encuentra uno por ahí textos en los que parece que las comas las han echado por encima igual que se echa la sal en la ensalada: cogiendo un puñadito y espolvoreándolas por aquí y por allá. Fijaos, si no, en los carteles que encontraréis por ahí. Yo recuerdo uno en el garaje de mi finca que decía, más o menos: “Se avisa, a lo señores propietarios, que el jueves que viene, se procederá al tratamiento de desinfección, y, que deberán retirar los mismos, para la fecha indicada”. ¿Para qué están las comas en este texto? ¿Para molestar? Lo que ocurre es que a veces se nos va la mano y en cada pausa del lenguaje hablado ponemos una coma. Pero no debe hacerse así porque -recordad- el lenguaje escrito es distinto del hablado y las pausas en nuestra forma de hablar no tienen porqué convertirse en comas cuando escribimos. El texto anterior no hay por dónde cogerlo, pero tiene algo bueno: que también se aprende a escribir prestando atención a textos mal escritos y preguntándose qué es lo que está mal. A veces pienso que en los colegios deberían trabajar también con ejemplos de mala escritura, y no sólo con obras maestras. De todos modos, muestras y ejemplos no os van a faltar por ahí.

Después de las frases y de la puntuación, nos fijaremos en los párrafos. Es muy importante atender a la forma en que dividimos el texto en párrafos. No es una división que se haga por capricho. Nadie dice “Voy a hacer párrafos de seis frases cada uno, pase lo que pase”, ni tampoco “No pienso poner un solo punto y aparte aunque me torturen obligándome a ver todos los festivales de Eurovisión de los años ochenta”. Una forma muy aceptable de dividir un texto en párrafos es desarrollar en cada uno una idea, un conjunto de ideas relacionadas entre sí o un fragmento del texto (una introducción en uno y una conclusión en otro, o cuestiones de economía en un párrafo y de política en otro). De ese modo, la división en párrafos divide el texto en sus partes significativas o subraya los pasos lógicos del asunto que estás desarrollando.

Deberíais prestar atención también a las secciones del texto. Cualquier redacción debe tener un principio y un final. Parecerá, de nuevo, una perogrullada, pero una redacción que no está terminada está mal hecha. A ningún examinador le gustará un texto que termina de repente, como si se os hubiera acabado la tinta del boli o, lo que es peor, las ideas. A ninguna redacción debe faltarle una introducción ni una conclusión. No hacer una introducción es como entrar a matar sin haber pasado antes por el tercio de banderillas. Y si le falta la conclusión es como si no hubieras terminado. Hay gente que no sabe terminar de hablar y entonces repite una y otra vez lo mismo y el que está escuchando ya no sabe dónde meterse ni qué excusa buscar para echar a correr. Imaginad que le pasara eso al examinador que lee vuestro examen. Otros que no saben terminar son los que de repente, a medio relato, dicen “Ya está” y tú te quedas con un palmo de narices. Hay que llevar el escrito a un final elegante, para que se note que has acabado. Es como cuando la orquesta toca un ¡Chán! muy fuerte al final de la sinfonía para que sepas que el concierto ha terminado y que toca despertarse y aplaudir.

Espero que estas recomendaciones sirvan de algo. En cualquier caso, no olvidéis practicar leyendo y escribiendo.

Con algo más de seriedad y brevedad, aquí tenéis un resumen de lo dicho, tomado de FERNÁNDEZ DE LA TORRENTE, 1984:


Requisitos básicos de la comunicación escrita
Claridad: se ha de escribir con sencillez para que se nos pueda entender. Se usan palabras correctas y se emplean con naturalidad.
Brevedad: no se trata de ser lacónico, sino de evitar rodeos y circunloquios, expresando el máximo de ideas con el mínimo de palabras.
Precisión: se debe escribir utilizando el vocabulario adecuado al tema y a la situación.
Corrección: se refiere tanto a la presentación de lo escrito como a las reglas gramaticales, adecuación al tono, buenos modales y respeto al receptor del mensaje.

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